Estamos al sur de Sevilla, en un polígono industrial rodeado de talleres de coches. Aquí encontramos Polakoteka, un local que aún conserva los recuerdos de las fiestas que alojaba y que ahora es sala de ensayo y estudio de grabación. «¿Ya has grabado tu parte?», se dicen entre ellos. Del cuarto de edición entra y sale gente, y se escuchan frases en griego, italiano, francés y árabe.
Son 20 personas de diferentes países. Cada una de ellas tiene ocho barras que escribir. Cada persona escribe en su idioma y dicen que no es tan difícil como parece porque el hip hop es el lenguaje que tienen en común. En menos de 24 horas, sus historias se convierten en una canción coral de más de siete minutos y, luego, en un videoclip.

«No es una canción, es un pódcast», dice una chica con unos pendientes enormes en forma de cassette. Es Masta Quba, rapera feminista y campeona europea de freestyle que tuvo que dejar México por motivos políticos. Aquí hay mucha gente igual que ella, que se vio forzada a huir de su país; hay incluso quienes no pueden salir de Sevilla porque no tienen papeles.
Esto es SoundRoutes, un bootcamp europeo que apuesta por la integración a través de la música urbana. Es un proyecto itinerante que transcurre entre cuatro países. Del 19 al 23 de mayo la parada es Sevilla. Una semana intensa que se hizo muy corta entre el taller de escritura con Hamid y el rodaje del videoclip de Polako, los ensayos en la Factoría Cultural del Polígono Sur y el graffiti walk por Torneo con Tinto247.
Días después, en la oscuridad de la sala La2, cada persona toma la palabra para compartir su experiencia en círculo. «El hip hop es una energía». «Energía» es, quizá, la palabra más repetida esa noche.
Desde El Mordisco, te mostramos cómo fue el concierto final del bootcamp y compartimos algunas de las historias que nos contaron sus protagonistas.

Ivan Pivotti, director de la agencia Marmaduke y coorganizador del proyecto SoundRoutes:
En 2016, empezamos con el proyecto SoundRoutes que estaba financiado por la Comisión Europea dentro del Programa Europa Creativa. Estaba focalizado en la integración de migrantes y refugiados a través de la música. Fue una convocatoria ad hoc después del éxodo de Siria y seleccionaron solo 12 proyectos en toda Europa. El nuestro fue el único en España. Se ha repetido tres veces. Este es el tercero: empezó en 2023 y termina en octubre de 2025.
Este SoundRoutes es particular porque está focalizado en el hip hop. Y no solo está centrado en la migración, también en barrios marginales. Hicimos actividades en las Tres Mil, en Torre Blanca, en Los Pajaritos. A lo largo de estos dos años, hemos organizado diferentes local hubs, talleres y también un concurso europeo entre raperas.
Los socios del proyecto somos de cuatro lugares distintos: Sevilla (España), Ghent (Bélgica), Roma (Italia) y Quíos (Grecia). En cada país, al final del proyecto, se celebra un international bootcamp, que es un encuentro internacional entre raperos. Cada país selecciona a tres raperos y los envía a los bootcamps de las otras ciudades. Igual que aquí en Sevilla recibimos a los que vienen de fuera, nosotros también enviamos a los nuestros. Cada bootcamp termina con un concierto final, donde se pone en valor todo lo que se ha trabajado de forma conjunta.
Hay algunos raperos que no pueden viajar porque son migrantes y no tienen papeles. Esa es una limitación que tenemos. Varios de ellos viven en Sevilla, pero son de otros países, están acogidos en centros de CEAR y no pueden desplazarse al extranjero.
El joven migrante que viene de fuera, la primera acogida que tiene es CEAR y allí es donde muchas veces hemos entrado en contacto con los participantes. Incluso los que no vienen a rapear, vienen como público, porque son colegas.
Nosotros hemos ido al rap porque hemos visto que los jóvenes se movían en ese estilo: los de aquí, pero también los que venían de fuera —de África, de Sudamérica. Es un estilo urbano, que no necesita instrumentos ni te pide llevar nada. Es muy fácil de practicar en todas partes, no requiere condiciones especiales y por eso muchos jóvenes lo hacen. La pelea de gallos es algo muy extendido en todas partes, así que hemos decidido enfocar el último proyecto en el hip hop, porque hemos visto que daba mucha más cancha.






Cuando elegimos a las personas participantes, buscamos la calidad, pero no solo eso. Lo que buscamos más bien es que haya sociabilidad, convivencia que funcione, que cree vínculos y que sea bonita. Que sea una manera de conocer el rap, pero también de conocer el mundo, a otras personas y que sea integradora en sus principios.
@mi55tonthemic (Misti), Grecia:

En Grecia, vendo ropa de skate al por mayor. Y, mi segundo trabajo, yo no lo llamaría trabajo; actúo, hago música. Me considero artista en muchos sentidos: escribo poesía, escribo letras, intento meterme más en la música y me encanta interpretar mis canciones para la gente.
Escribo desde que tenía 14 o 15 años y ahora tengo 39. De adolescente, estaba cabreada con mi familia y con el sistema. Estaba cabreada con el mundo y ya está. Ahora tengo mil cosas más que contar.
Me gusta dar voz a las personas que no tienen la oportunidad de hablar, me gusta hablar de lo que de verdad importa: temas sociales, políticos, salud mental, autoconocimiento, mis relaciones amorosas, mis amistades, lo que sea.
Toda mi vida está en mis letras, así es como veo la vida y así la convierto en música.
Asante, Bélgica:
Empecé a escribir con 16 años, ahora tengo 24. Mis primeras letras estaban inspiradas en mis dibujos animados favoritos, Avatar: la leyenda de Aang, en programas de Nickelodeon o tenían referencias de la cultura pop. Luego, empecé a conectar todo eso con mi vida. Fui descubriendo el hip hop, empecé a escuchar a raperos de los 80, los 90 y los 2000, que también me influyeron mucho.

Me gusta escribir desde mi punto de vista, pero, cuando alguien me dice «suenas como este o como aquel», lo tomo como algo bueno.
Al principio, tienes que sonar como tu artista favorito antes de ser tú mismo. Vas encontrando tu voz, pero sigues conectado a los que vinieron antes y a los que tienes cerca.
Este bootcamp, por ejemplo, es un buen mentor. El rap nace de dentro, sí, pero también se construye hablando con otros. Es como entrar en un museo, ver tu cuadro favorito y notar que eso también se suma a tu historia. Lo mismo me pasa con la gente de aquí. Es como crear un cerebro colectivo… pero cada uno lo usa para contar algo suyo.
¿Mi objetivo? Seguir con la música, sin duda. Siempre he tenido claro que quiero ser uno de los nombres que suenan cuando se habla de rap belga.
Dani D´Musa, Bélgica:
Nací en Bélgica, pero mis padres son de Sudán. Vinieron desde el Líbano caminando, huyendo del racismo y de cosas feas que vivieron. Mi madre estaba embarazada de mí, así que mi padre y ella cogieron a mis dos hermanas mayores y se vinieron a Europa en busca de algo mejor.

Una mujer embarazada con dos niñas pequeñas… Es una historia muy fuerte. Mi madre está escribiendo un libro sobre ello. Mi padre también es muy creativo, así que me viene de familia y yo me siento feliz de llevar eso en la sangre. De verdad.
Siento que tengo una personalidad distinta según el idioma. En árabe, soy más masculino, en neerlandés más chill, en inglés más gánster, en francés más chic. A veces pienso en tres o cuatro idiomas a la vez y mi cerebro está como: «¿Qué pasa? Tranqui, tranqui».
Cuando rapeo, a veces meto frases en neerlandés, árabe o francés, lo que encaje. Pero casi siempre escribo en inglés.
Llevo escribiendo como diez años. Desde hace dos o tres, empecé a producir para mí, a hacer todo lo relacionado con la música. Ahora estoy estudiando comunicación, pero no es para meterme a un trabajo de nueve a cinco. No quiero eso en mi vida, nunca. Quiero usar la comunicación para impulsar mi música, para saber cómo moverla mejor, para comunicarme con el mundo.
Quiero ser feliz haciendo lo que hago. Hacer música que suene bien y que me haga sentir bien. Ese es el objetivo. Mañana podría estar viviendo algo completamente distinto. Nunca se sabe. Y me gusta vivir así, de forma espontánea, impulsiva. Intento vivir la vida al máximo.
Masta Quba, México/España:

Escucho de todo, también soy friki del pop, pero el hip hop para mí es enorme. Es una forma de vivir: es cómo te mueves, cómo te vistes, cómo piensas.
Soy de México, así que he visto una realidad muy diferente a la de aquí. Crecí con música de protesta, que siempre ha acompañado las luchas sociales.
Hace como ocho años, el hip hop no era lo que es ahora. Hoy todo gira en torno al dinero, pero sus raíces son políticas. Aun así, muchos seguimos intentando mantener ese espíritu. Yo me incluyo. Incluso la parte agresiva tiene sentido, porque muestra que el sistema no ha cambiado. Tal vez no esté bien promover la violencia, pero no es culpa de los artistas, sino del entorno que los empuja a vivir así.
Cuando empiezas a escribir, todo es emoción; pero cuando vives de esto… Tienes que pagar el alquiler. Yo no tengo otros trabajos, así que a veces tengo que decir sí a proyectos que no me gustan tanto. Por eso me encanta ver a gente que lo hace solo por pasión, eso es contagioso.
Es bonito saber que da igual de dónde vengas, siempre hay algo que puede hacer que conectemos. Y, para mí, eso es lo más valioso del bootcamp: no se trata de técnicas nuevas ni de aprender a rapear de otra forma, sino de conectar con otras personas, de inspirarte.







Texto: Anna Askaryan
@ann.askaryan
Fotos: Sofía Lopper
@sofialopper


